Si notamos mal aliento (halitosis). Esto puede ser debido a la acumulación de bacterias en nuestra boca. Puede que tengamos alguna caries o no nos estemos limpiando bien.
Si notamos las encías enrojecidas o nos sangran. Unas encías sanas, no deben sangrar, si lo hacen es porque nos dejamos restos de comida entre la encía y el diente. La inflamación y el sangrado es su mecanismo de defensa. Puede que tengamos gingivitis, si estamos en una fase inicial, pero si no lo controlamos, puede derivar en periodontitis.
Si se nos ha fracturado un diente. Es necesario que nos lo revise un especialista cuanto antes para evitar que se fracture más.
En caso de que utilicemos prótesis removibles y nos roce o no ajusten bien. Si nos rozan en alguna parte de la boca puede producirnos heridas y su uso será muy incómodo.
Si llevamos implantes, debemos vigilar que las coronas sobre los implantes no se muevan. Esto puede suceder si el tornillo se afloja (si no se aprieta enseguida, se puede romper) o porque el implante haya fracasado, entre otros casos.
Si notamos que rechinamos o apretamos los dientes. Una férula de descarga aliviaría estos síntomas.
Ante cualquier dolor o molestia. Puede que no sea nada, pero es mejor prevenir.
Y aunque no tengamos ningún síntoma, se recomienda acudir al dentista una vez al año. De todas formas, el especialista nos dará la pauta de manera personalizada según nuestras patologías.